Thaler (el valiente, pícaro, renegado, apóstata, traidor) recibe el Nobel en Economía

La Real Academia Sueca de Ciencias anunció el 09oct17 que el economista Richard Thaler, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, había recibido el Premio Nobel de Economía 2017 por sus contribuciones en el campo de la economía del comportamiento. Su trabajo de larga data ha demostrado que el comportamiento humano ciertamente influye en los mercados, los que imaginariamente son racionales. El comité del Nobel estuvo de acuerdo con él y declaró que honraba a Thaler por su trabajo pionero que demostró que las personas son previsiblemente irracionales, y que a menudo se comportan de una manera que desafía la teoría económica.

El comité del Nobel agregó: “Sus hallazgos empíricos y sus conocimientos teóricos han sido fundamentales para fomentar el nuevo y rápido crecimiento de la economía del comportamiento, la que ha tenido un profundo impacto en muchas áreas de investigación y política económica”.

Escribiendo en The Guardian, Robert Shiller, premio Nobel de 2013, concordó: “Richard Thaler es un controvertido ganador del premio Nobel, pero uno merecedor…. Para algunos en la profesión, la idea de que la investigación psicológica haya sido incluida como  parte de la ciencia económica ha generado su hostilidad durante años. No de mí. Me parece maravilloso que la Fundación Nobel haya elegido a Thaler. La Nobels en Economía ya han sido otorgados a varias personas que pueden ser clasificadas como economistas del comportamiento, como George Akerlof, Robert Fogel, Daniel Kahneman, Elinor Ostrom y yo. Con la incorporación de Thaler, ahora representamos aproximadamente el 6% de todos los premios Nobel de Economía otorgados … Pero muchos en economía y finanzas todavía creen que la mejor manera de describir el comportamiento humano es evitar la psicología y en su lugar modelar el comportamiento humano como la optimización matemática de individuos aislados actuando  egoístamente … Por supuesto, no todos los economistas, ni siquiera la mayoría, están comprometidos con esa opinión, como lo demuestra el hecho de que tanto Thaler como yo hayamos sido elegidos presidente, en años sucesivos, de la Asociación Económica Estadounidense, nuestro principal cuerpo profesional “.

La lista de Shiller no incluye a Karl Marx, quien debatió el tema con la Escuela Austriaca de Economía. Pero eso podría ser el material para otro ensayo.

Debe quedar claro que Thaler ganó el Nobel por perturbar su profesión. Probablemente mis seguidores recuerden mi nota de 22 de mayo del 2015 con motivo de la publicación de su controvertido libro: “Mal Comportamiento: la Elaboración de la Economía del Comportamiento”, que transcribo a continuación. De hecho, fue en esta nota en la que arribe a la pregunta sobre cómo sus oponentes iban a llamarlo: valiente, pícaro, renegado, apóstata o traidor.

Y  vaya que tenía oponentes. Uno de ellos fue Merton Miller, el premio Nobel de 1990 y coautor del Teorema Modigliani-Miller, uno de los fundamentos de la teoría financiera moderna. Recuerda que Miller ni le dirigía la palabra, y  que ni siquiera hacia contacto visual cuando se cruzaban por los pasillos de la Universidad de Chicago.

 

Es reconfortante encontrar que el comité del Nobel está de acuerdo con este servidor sobre la fijación que tiene  la ciencia económica prevalente en el Homo Economicus.  Los hombres no somos robots que solo pensamos en los beneficios económicos que podemos obtener en todas y cada una de nuestras acciones.

El premio es muy importante porque refuerza el trabajo de varios profesionales, incluido Daniel Kahneman, el psicólogo que ganó el Premio Nobel de Economía 2002, sobre la necesidad de considerar factores personales que son importantes para la gente como la honestidad, la igualdad o la integridad.

Mas aún, Thaler ha señalado fallas en uno de los principios tradicionales de su institución, la famosa “Escuela de Chicago”, que postula que las personas siempre se comportan de manera racional para maximizar su estrecho objetivo de bienestar económico. Ese concepto enriquece los enfoques, pero no es muy útil cuando se trata de formular nuevos encauces sobre cómo funciona la economía en la realidad.

Observo  con interés que mi nota del 2015 iba más allá de un comentario sobre el libro de Thaler. Allí vertía mis conceptos sobre la necesidad de que la profesión y el país presten más atención al verdadero rol que la ciencia económica debe prestar a la de sociedad. Acabé afirmando: “La Economía es siempre política. Toda la Economía es política”. Lean porqué.

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Llámenlo como deseen: valiente, pícaro, renegado, apóstata, traidor

NIR-1550 del 22  de mayo del 2015

El artículo adjunto del NYT comenta el libro “Portándose Mal: La Creación de la Economía del Comportamiento” (mi traducción) del economista Richard Thaler, 69, un destacado profesor de la Escuela Booth de Negocios de la Universidad de Chicago. Thaler es un verdadero hombre de la profesión que actualmente se desempeña como Presidente de la Asociación Estadounidense de Economía.

A primera vista, el libro  reseña el medio siglo trascurrido desde  la formulación de la Economía del Comportamiento. En realidad, es evidente que el principal propósito de Thaler es presentar una suerte de historia secreta de su profesión, y más exactamente, atacar a la venerada Escuela Económica de Chicago de la que ha sido (y todavía es) miembro por dos décadas. Como el autor no clarifica el  título de su libro, el comentarista opina que los “malcriados” serían los osados proponentes de la nueva rama, aunque podría ser que el “malcriado” sea el autor mismo,  dado lo arriesgado de su narrativa. Thaler no vacila en aportar nombres y divulgar errores y situaciones embarazosas. No está claro qué cosa le motivo para atreverse a  divulgar los secretos más íntimos de su profesión.

Cuando Thaler comenzó su carrera en 1970, los economistas estaban en una decisiva acción para probar que su materia no era una simple ciencia social. Pero los efectos económicos son resultados de decisiones tomadas por humanos. Para “demostrar” que se contaba con la misma precisión matemática que en Física, por ejemplo, los economistas adoptaron la radical hipótesis de que los humanos (homo economicus) no somos más que “optimizadores”, y que tenemos un comportamiento  tan predecible como la velocidad de la caída libre de un objeto.

En el comienzo de su carrera, Thaler preparó una lista de comportamientos  que  obviamente estaban en  contradicción con lo predicho por sus colegas. Por ejemplo, el “efecto propiedad personal”, por el cual otorgamos mayor valor a una propiedad física o intelectual cuando es nuestra, que cuando pertenece al vecino. El relata la patética y a veces cómica oposición de economistas empecinados en negar relevancia a estos ejemplos.

Más tarde, Thaler se involucró en problemas de políticas públicas. El notó que la resolución de estos requería muy poco de economía pues tenían más que ver con  discernimientos psicológicos o de otras ciencias sociales. Como lo economistas se oponían al uso de juicios no económicos, al final quedaron perjudicados al perder relevancia sus fundamentos económicos. Thaler sostiene que era en realidad “… un insulto a esas otras ciencias sociales, si la gente insiste en llamar económica  a cualquier investigación relacionada con problemas de  políticas públicas”.

No se debe olvidar que Adam Smith, el padre de la economía moderna, era más bien un profesor de Moral Filosófica. La obra maestra de Smith, “La Riqueza de las Naciones”, no es plenamente entendible sin la previa lectura de su anterior trabajo, “La Teoría de los Sentimientos Morales”. La noción  de “homo  economicus” resultaría muy extraña a Smith. Los economistas harían bien en aceptar sus raíces en las ciencias filosóficas y sociales. Ninguna cantidad de procesamiento de datos numéricos puede sustituir la necesidad de enfrentar la complejidad de la existencia humana.

El comentarista finaliza con su deseo de que, inspirados en Tahler, otros motivados profesionales se animen a enfrentase a ortodoxias mistificadas en un amplio rango de disciplinas.

Aprovecho esta oportunidad para tocar aquí otra  tendencia igualmente preocupante en la profesión, la pretendida despolitización de la ciencia económica. Esta inclinación se encuentra aun en el nombre actual de la ciencia: “Economía”, en vez de “Economía Política”,  el calificativo utilizado por Smith, Ricardo y Marx.

Recordemos que la definición de la ciencia es: “Economía (o Economía Política) es el estudio de cómo las sociedades utilizan escasos recursos para producir  bienes y servicios útiles, y distribuirlos entre los diferentes grupos”. Para ello, las sociedades deben resolver tres problemas fundamentales: QUE producir; COMO producir; y PARA QUIEN producir. En estas tareas, los grupos recurren a las instituciones disponibles en  sus sociedades. Los economistas de este país implican que estos procesos se efectúan en un juego limpio y justo. Se intenta desconocer la esencia política  de todos y cada uno de los escenarios de producción.

La realidad es que los grupos en el forcejeo están concentrados en clases con diferentes intereses, las cuales están   continuamente  enfrentadas en disputas políticas para ejercer su autoridad. En todas las instituciones, sean los gobiernos de los diferentes niveles, los poderes legislativos y judiciales, las asociaciones de trabajadores, las fuerzas armadas, etc., hay arduas contiendas por el control de ellas. Por supuesto, en la mayoría de los casos son las clases dominantes las que consiguen el control de los recursos y condiciones existentes para imponer su autoridad. Ellas no vacilan en recurrir a amenazas y fuerza para lograr sus intereses.

Actualmente algunos economistas de este país están negando que haya clases en su sociedad. Arguyen: “No hay clases en los EE.UU. No hay clase media. Lo que hay es un sector de ingresos medios”.

La Economía es siempre política. Toda la Economía es política.

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