Voy a ir al cine

Voy a ver “Silencio” de Martin Scorcese”. Como corresponde, acudiré a un local  del centro de Chicago para obtener una proyección de máxima calidad.

Es algo que ahora no hago a menudo. La más reciente película que vi en teatro  fue “Selma” hace dos años. Mis últimos comentarios fueron el 17oct10  para “The Social Network” que examinaba el espinoso nacimiento de Facebook.

Las opiniones que aquí apunto están basadas en un extenso  artículo de la revista del New York Times que analiza esta importante obra la cual será estrenada la próxima semana en  Roma ante una selecta de audiencia eclesiásticos jesuitas. Se comenta que posiblemente Scorcese  y el Papa Francisco (un jesuita el mismo) estarán en un rincón escondidos para después entablar una aguda discusión.

Para mí, este artículo es de particular interés ya que  Scorcese es mi contemporáneo al  que ha seguido muy de cerca por cuatro décadas. El autor del artículo introduce facetas pocas conocidas  de este extraordinario hombre de cine enfocando su valerosa espiritualidad, a menudo controvertida.

Creo que Scorcese no necesita una presentación. Solo señalar que prácticamente he visto todas sus obras incluyendo sus excelentes  documentales (vienen a mi memoria la de la historia de los Blues, y la que detalla lo que trascurre detrás de escenas  en una presentación de los Rolling Stones). Quizás debido a su peculiar personalidad, el maestro recién recibió el Oscar en el 2006 (por “The Departed”) después de siete nominaciones.

No siempre he quedado impresionado. Su película del 2013 “The Wolf of Wall Street”, aunque aclamada  en la taquilla (400 millones de USD), fue en realidad pobre. A decir verdad,  no parecía un “película Scorcese”. Y ahora se encuentra la explicación. Fue financiada a todo dar con dinero de la escandalosa estafa que compromete al Primer Ministro de  Malaysia. Leonardo DiCaprio, el galán de la película, está siendo investigado por el Ministerio de Justicia, aparentemente  por recibir jugosa alita.

“Silencio” trata de un tema que Scorsese, un fervoroso pero fustigador católico, ha perseguido por mucho tiempo.  A través de su carrera,  sus penetrantes ansiedades teológicas han causado conflictos con el clero y el público. En particular el divaga quizás más de la cuenta en lo relativo al dogma cristiano de la fe. No satisfecho con la sosegada e incongruente  posición de explicar todo con un salto de fe (“leap of faith’), el investiga con pasión la verdadera naturaleza de la fe, el elemento esencial de la virtud cristiana.

Comenta el que concibió llevar a la pantalla  “Silencio” en 1989 cuando recién principiaba a superar  la  amarga experiencia que le había traído su fatídica obra “The Last Temptation of Christ”. Abatido y exhausto se puso a leer “Silencio” una novela de 1966  escrita por S. Endo un experto en la historia del Catolicismo en Japón que llegó a ser en un éxito literario mundial de la época. El narra que tuvo una epifanía en la que decidió en ese momento hacer de la obra una película prominente. Le tomó un cuarto de siglo conseguir el respaldo económico y mediático para realizar tamaña empresa. Aclara que fue aun más difícil conseguir la  concentración y ánimo necesario para plasmarla. Por qué?

“Temptation”  fue una adaptación de la novela de 1955 de N. Kazantzakis que imagina que Jesucristo baja de la cruz para vivir una experiencia terrenal formando su familia con María Magdalena. Para algunos esta concepción estaba en línea con la  enseñanza capital del cristianismo: que Jesús  era plenamente humano y plenamente divino. Para muchos otros (incluido este servidor) la película era  una barata tergiversación y  un grave sacrilegio que no tomaba en cuenta la espiritualidad y sensibilidad de las grandes mayorías cristianas.  Como afirma el artículo: “ … el proyecto en el acto se complicó  tornándose increíblemente nocivo”.  La película fue exhibida en medio de exasperadas manifestaciones de rechazo en los cinco continentes alegando que se trataba de un alevoso ataque de magnates judíos de Hollywood.  Scorcese  y Universal (la distribuidora de la película)  estuvieron confinados por años a listas negras.

Debo clarificar que he vuelto a ver  recientemente “Temptation”  y ahora no la considero tan tirada de los pelos. La película incorpora un importante mensaje histórico que ha recibido trascendente consideración  en las últimas décadas. Se trata  sobre  las varias perspectivas religiosas sobre el Mesías y la llegada de Dios prevalentes durante la creación del Cristianísimo. Una importante corriente del momento era la violenta  secta de los “Zealots” la cual daba al mensaje del Mesías un contenido político y rebelde que abogaba por el fin de la hegemonía romana sobre la nación hebrea y por el fin de la corrupta casta religiosa judía.  Se afirma que Judas Iscariote (el único discípulo que no era de Galilea) era un Zealot que se desengañó  completamente con el mensaje de Jesús por lo que se convirtió en traidor. Este importante contexto histórico es prácticamente ignorado en los Evangelios a pesar que era una realidad incuestionable y que  condujo a la destrucción de Jerusalén por Tito en 70 DC (escenas de la devastación  son presentadas en “Temptation”).

El argumento de “Silencio” trata de Sebastián Rodrigues, un sacerdote jesuita enviado  al Japón en el siglo XVIII para servir el culto de los católicos locales e investigar la suerte del anterior  misionero que aparentemente había renegado de su fe cristiana bajo tortura. Así, Rodrigues  se encuentra enfrentando al brutal regimen del shogunato, que como Nerón 17 siglos antes, encierra, tortura y asesina a los seguidores de Jesucristo.

Clarifiquemos que Japón era en la época gobernado por un  shogun, un regente militar que era un dictador con poder absoluto sobre la nación y el emperador convertido en una formalidad ceremonial. Los shogun habían decidido aislar al Japón completamente de cualquier influencia europea, con excepción de Portugal por propósitos estrictamente comerciales. Así, cualquier pretensión portuguesa de introducir y diseminar el cristianismo era combatido violentamente.

Rodrigues se encuentra  ante el cruel dilema de convertirse o no en  apostata para aliviar la tortura de sus correligionarios. Al final, el decide profanar el retrato de Cristo pisando un plato de bronce con su imagen como lo habían hecho de centenares de cristianos antes de él. Rodrigues racionaliza que su apostasía no era un acto de duda sino más bien un acto de fe. La película finaliza la con la pregunta ¿qué cosa realmente pensaba el apostata? ¿Cuál era su verdadera fe?

Este cuestionamiento es otra vez el interrogante que siempre ha acompañado a Scorcese sobre ¿qué cosa es realmente la fe? Desde su niñez en el barrio de Pequeña Italia de Manhattan, un entorno  profundamente místico para  generaciones de  católicos, Scorcese ha vivido activamente sus dudas. Eso se inició en su época de monaguillo en la solemne Antigua Catedral de San Patricio  (ubicada en la calle Mulberry cerca Houston).

El autor del artículo en una visita a esta iglesia le preguntó si había una conexión entre “Silencio”  y su experiencia en el lugar. Scorcese respondió: “La conexión  nunca se interrumpió. Ha sido continua. Nunca la deje. En mi mente, estoy aquí todos los días”.

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