El fenómeno Trump: sus comienzos

Esta nota es la primera de una serie que planeo presentar sobre Donald  J. Trump (DT), el candidato republicano para las elecciones del 8nov16. Escribo estas líneas en el fin de una semana de consolidación para DT que le trajo tres  acontecimientos significantes: el domingo una prestigiosa encuesta colocó a DT a la cabeza  para los comicios de noviembre, superando por primera vez a su virtual oponente Hillary Clinton  (esta misma encuesta había señalado ventaja Clinton: 53/34 en jul15,  y 50/39 en mar16 ); el miércoles, la Associated Press informó que según su conteo DT ya había superado los 1,237 delegados necesarios para recibir la nominación en primera vuelta en Cleveland este julio; y, este jueves transcendió un informe del  Departamento de Estado que consideraba que Hillary Clinton (HC) no había cooperado debidamente con la investigación y que había sido negligente cuando usó su eml particular incurriendo en un  significante riesgo de seguridad.

Bueno, cabe en este momento pasar revista del bagaje de DT empezando con una reseña de cómo es que este personaje comenzó su notable carrera que lo ha llevado a su presente posición.

DT es uno de los cinco hijos de Frederick C. Trump (FT), un millonario de Brooklyn que se dedicó a la renta de apartamentos en edificios más bien modestos (no suntuosos). Debe aclararse que FT nunca estuvo en la primera  línea de los magnates de bienes raíces ocupando más bien la segunda línea.  DT, aunque trabajó para su padre, nunca tuvo real interés en ese sector ya que su foco siempre abarcó a los edificios de los super-ricos y esos se encuentran en Manhattan.

DT estudió finanzas de bienes raíces en la Universidad de Pennsylvania/Wharton y se graduó de economista a la 22 años (primer misterio Trump: ¿cúales fueron sus notas?). Como buen republicano se dió maña para evitar servicio en Vietnam consiguiendo  aplazamiento tras aplazamiento. La lista de esos pícaros es larga: vago Bush,  Jeb Bush, Cheney, Romney, Giuliani, Gingrich, Boehmer, etc., etc. Los muchachos tenían otras prioridades

Regresó a  Nueva York y puso manos a la obra. Dicen que caminaba por los sectores más auspiciosos de Manhattan ingresando a los edificios, haciendo preguntas y tomando notas y fotos. A propósito, yo conozco varios neoyorkinos y chicagoenses que reconocen todos los edificios, casas, negocios y predios del centro y sus alrededores.

Entonces ocurre el golpe del destino que desencadena todo. En 1974, es electo alcalde de Nueva York Abraham Beame, un cercano asociado de negocios de su padre. Esto coloca a DT en el mero centro de la elite de potentados que deciden los destinos de la gran ciudad. De inmediato se pone en campaña para echar mano a las mejores oportunidades. Resulta que la ciudad tenía que decidir qué hacer con enormes patios de rieles sin uso de la  Penn Central Transportation Co. que se había declarado en bancarrota. De manera que nadie  entiende, DT compra “opciones” por dos enormes terrenos muy bien ubicados, mediante un artificio financiero que le da de-facto derechos de propiedad. El muchachón de 29 años (mide 1.88m) va resultando un prodigio en “The Art of the Deal” (el titulo de su primer libro).

Obsérvese que de FT solo recibió contactos, no dinero (el recientemente ha dicho que su padre le prestó $ 1 millón).

En esa época era inminente en Nueva York la construcción de un formidable complejo de convenciones ya que no se contaba con uno auténtico centro para eventos nacionales e internacionales. Había en el momento tres proyectos compitiendo agresivamente por echar mano a la gran inversión. Ese es el momento trascendental para el promotor (“developer”) DT, de “Trump Enterprises”. Consigue presentar una propuesta que resulta ser a todas luces la superior.  El artículo adjunto del 18dic75 del NYT describe el alcance técnico y financiero del ambicioso complejo.

Las autoridades del estado y el municipio efectúan un estudio de factibilidad y dan la luz verde al “Proyecto Trump” para la construcción de lo que más tarde sería el “Jacob K. Javits Convention Center”. DT concede a otros la ejecución del proyecto pero recibe su tajada por su concepción y “opciones”. ¿Cuál es el monto de esa tajada? Ese es otro  misterio Trump, pero se trata sin duda de una suma en el rango de unos $ 10 millones. Debe reconocerse  que el “Javits Center” es un exitoso emprendimiento urbanístico en plena operación después de ya más de treinta años.

El segundo “Proyecto Trump” fue aun más osado. Al lado de la estación ferroviaria de Nueva York, la Grand Central Station,  se construyó en 1919 el  grandioso Hotel Commodore, en honor al legendario empresario del siglo XIX, el “Commodore” Cornelius Vanderbilt, fundador del New York Central Rail Road. Por décadas este establecimiento fue  probablemente el más exclusivo de la ciudad. Debido a la competencia y a problemas financieros en la matriz ferrocarrilera, el hotel entró en declive en la década de los sesenta. Se lo reacondicionó en 1972 pero la caída continuó (yo pase un fin de semana pagado por una firma que cortejaba mis decisiones, y pude apreciar por primera vez películas en cuarto de hotel). Debido a lo valiosísimo del terreno se rumoreaba que el hotel iba a ser destruido.

DR, ya entonces con su “Trump Organization”, había discretamente comprado (con ayuda gubernamental) el Commodore, que finalmente se había declarado en bancarrota. Es más, había convencido a financistas y a la Hyatt Corporation  a reconstruir y renovar completamente el hotel. Grande fue mi sorpresa cuando en 1980, DT con toda su fanfarria anunció por todos los medios su gran creación, el Grand Hyatt de Nueva York. Había metido la majestuosa arquitectura del Commodore en una caja de vidrio. Mi primera reacción fue “… que cosa ha hecho este hombre”, pero contra todo pronóstico recibió el  aplauso general, por sus exteriores e interiores. Decidí investigar y fui a almorzar a un restaurante mezanine que ofrecía una esplendida  vista de la Calle 42.

Salí impresionado del lugar ya que se trataba de una obra impactante por la introducción de varias innovaciones, como pocas que he visitado. Estaba también la meticulosidad del acabado. Se decía que DT había participado en  el último detalle (había elegido las cortinas, las alfombras, los mobiliarios, la iluminación, etc.). Otra vez había que reconocer que el segundo “Proyecto Trump” era un éxito completo. Hoy en día, el Grand Hyatt se ha convertido un punto de referencia (“landmark”) de la ciudad de Nueva York.

Luego vino una rápida sucesión  de grandes obras  en Nueva York y Atlantic City apoyadas por “el mágico toque Trump” y el granel  de inversionistas ansiosos  que caracterizó la década de los ochenta. Pero debe admitirse que Trump también contribuyó a resolver los problemas urbanos de la ciudad.  Menciono dos ejemplos: la pista de patinaje Wollman del Parque Central que había sido cerrada al público por siete años cuando en 1986 DT tomo a su cargo su reparación utilizando sus propios fondos, completando la obra en tres meses, con un ahorro de $ 750,000, y para recibir su reembolso por concesión; el Puente Williamsburg que tuvo que ser cerrado por reparaciones en 1988 cuando DT ofreció tomar a su cargo para aplicar sus típica originalidad, lo que nunca prosperó por el antagonismo del alcalde Koch y del gobernador Cuomo. Pero para  los neoyorkinos DT era un héroe que era vitoreado cuando salía a las calles.

La recesión de los comienzos de la década de los  noventa tiró abajo varios de sus más extravagantes proyectos por lo que  se vio obligado a declarase en bancarrota. Recuerdo el artículo de la revista Time del 25jun90 titulado “Donaldo, el Mendigo” que tuvo amplia circulación  ante la consternación de algunos  y el “schadenfreude” de  otros. Bueno, logró levantarse pero volvió a caer otras tres veces. Su ultimo desencuentro fue cuando no pudo pagar a los bonos que habían financiado su torre de 98 pisos, la “Trump International Hotel and Tower” de Chicago. Aludiendo “fuerza mayor” causada por la Crisis Financiera del 2008 exigió y consiguió la reestructuración de la deuda. Hoy el  proyecto ha recuperado rentabilidad y el, como festejando, ha colocado un  feroz cartel TRUMP sin pedir permiso a nadie.

Finalizo con una reflexión sobre este bocón-payazo-malcriado. Aunque  hace mucho tiempo tuve que reconocer que DT era un personaje habilísimo fuera de serie, siempre  tengo en la cabeza la incómoda  impresión de que quizás le falte un tornillo. Cuando algo se le mete en la cabeza, le entra una compulsión obsesiva y se manda con todo. El no es la persona que construye y sigue estrategias cuidadosas.  Su delirante búsqueda de grandeza, no su inteligencia, es lo que lo llevo a cuatro bancarrotas, y presumiblemente lo convirtió en billonario.  Pero, ¿es realmente lo que dice y aparenta? Paul Krugman tiene sus dudas. Ahora no es solo el chiste de ser el símbolo de la ostentosidad, sino que ha resultado ser el candidato republicano a las elecciones del 2016.

http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9E02E7DD1E30E337A2575BC1A9649D946490D6CF

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