¿Se cae China al hoyo?

El artículo adjunto del NYT pasa revista al problema de las deudas impagas en todo el mundo lo que está constituyendo un freno al crecimiento global. En particular se señala a China, donde el problema está tomando color de hormiga. Algunos analistas cubican el bulto en unos $5 millones de millones, o sea en un 50% de su PIB. Otros opinan que el rol del crecimiento chino es clave ya que luego de la Crisis Financiera del 2008 aportó (por propia actividad y por el auge en países como el Perú que le siguieron a cuestas) un 50% del aumento mundial.

¿Cómo es que se ha acumulado esta terrible deuda si es que el país ha crecido en las últimas décadas a un ritmo histórico que bordeaba el 10% anual?

Para entender el embrollo conviene clasificar su economía en dos sectores primarios. El primero, el industrial a cargo de productos de exportación. Este conjunto tuvo un éxito extraordinario que le permitió acumular año tras año reservas internacionales que llegaron a $4 millones de millones en el 2014. El Partido Comunista se ha jactado orgulloso que esta grandiosa suma era el resultado de “la sangre y sudor de nuestros trabajadores”. El triunfo en esas industrias es saludable no solamente por las ganancias y acumulación de reservas sino también por el aparejado aumento de la productividad de la economía. Lamentablemente, el sector últimamente no se muestra tan robusto debido a disminución de su ventaja comparativa ante países como Vietnam, Bangladesh y otros.

Pero en su estrategia de generar crecimiento a cualquier costo, el país auspició temerariamente un segundo sector que comprendía ambiciosas inversiones en enormes plantas de acero, barcos, autos, carbón, y en costosos obras de infraestructura y proyectos inmobiliarios. Una buena parte de estas inversiones acabaron en quiebra mientras otros se transformaron en elefantes blancos, o en una cuantiosa compilación de 60 millones de viviendas sin ocupantes (si, leyeron bien, ¡60 millones!).

Para comprender la operación de ambos sectores conviene estudiar el PIB en su flujo circular extendido que presento en mi nota “El PIB mas allá de Samuelson” (URL al pie). Así, el estado chino en su frenética carrera por un crecimiento de dos dígitos facilitó amplios capitales para la ejecución de enormes obras del gobierno y fondos a industrias para la adquisición de bienes de producción, todo solventado por imprudentes deudas. Lo que está pasando es que este “modelo” ya no da más porque no solo escasean los capitales para proseguir con el ejercicio, sino también que hay confrontar las enormes deudas impagas.

El articulo muestra fotografías de una enorme planta de acero que fue abandonada hace dos años y que probablemente nunca va a reabrir sus puertas. El gran problema es quien va a pagar a los bancos que proveyeron el capital para cientos de proyectos en quiebra como el mostrado. Algunos optimistamente opinan que China es actualmente una sociedad muy rica ya que cuenta con sus ingentes reservas internacionales y otros fondos en su banca, la cual es controlada por el estado.

En realidad el caso chino no es muy inusual. En reciente y pasada historia ha habido muchos casos de países ahogándose en deuda “con el agua hasta los parpados”. Debe señalarse además que el estado chino es en buena medida el prestamista y el prestatario de las empresas “panza arriba”.

Es conveniente anotar que algunos países utilizaron coyunturas similares para echar a andar osadas renovaciones nacionales. Vienen a la memoria dos casos relevantes:

  1. Los EE.UU. en 1790, cuando los trece estados se encontraban empantanados en inflación y deudas de la guerra de independencia. Alejandro Hamilton, el primer ministro de hacienda de la república, propuso y dispuso el pago de esas deudas con fondos nacionales a generarse, dando así un vital sustento al proyecto federativo (opuesto al confederativo) de la nación. El ya había declarado en 1781 en plena guerra: “La deuda nacional, si no es excesiva, será una bendición para nuestra economía.”
  2. Los EE.UU. en 1945 cuando acabaron la guerra con una tremenda deuda superior al PIB. Se convenció a los bonistas a ser “copropietarios” del fardo y se generaron fondos subiendo enérgicamente las tasas de impuestos (para entonces ser aplicados a crecientes PIB’s). El país pudo embarcarse en su audaz expansión global de la postguerra. Hubo plata hasta para financiar el Plan Marshall (donaciones a países europeos devastados). Como por milagro: “la deuda se pago sola”.

¿Sera que la cúpula China podría hoy poner en práctica soluciones equivalentes? No hay indicios de eso después de meses y años de poner el coche en marcha, en retroceso y en vuelta en U. El artículo informa la opinión de un académico extranjero en Beijing: “Lo que siento es que la dirigencia política se encuentra paralizada como un venado inmovilizado por los faros de un automóvil. ¡No saben realmente que hacer!”.

Es evidente que las cosas se siguen complicando. La desconfianza de las masas en las bolsas de Shanghái y Shenzhen continúa. La población ha perdido fe en su moneda. Los que pueden tratan de sacar sus dineros dolarizados al extranjero utilizando artificios legales o ilegales. Para sostener su moneda el Banco Central está echando mano a sus reservas y ya se ha gastado un buen 20% hasta la fecha. Si eso continua, y si es que hay que rescatar a bancos claves, no va a haber bolsillo que aguante.

Hace dos semanas se despidió sumariamente al principal regulador de las bolsas de valores del país. Su despido vino después de duras críticas a su supuesta amplificación de las turbulencias en todas las bolsas. La semana pasada, el gobernador del Banco Central (desde el 2002) Zhou Xiaochuan hizo una rara aparición dando una conferencia de prensa en Shanghai cuando precisamente llegaban los ministros de finanzas de las 20 más grandes economías del mundo. Básicamente no dijo nada nuevo excepto alardear que las ventas en el exterior del 2015 fueron muy buenas produciendo un incremento de $600 mil millones en sus reservas. El resto, dijo, se encontraba bajo completo control por lo que los inversionistas extranjeros no tienen porque preocuparse. La intervención sonó forzada y echó leña a los rumores de que él será el próximo chivo. A propósito, Zhou no es realmente un economista. Su profesión es ingeniero de sistemas computacionales.

No hay duda que China pasa por un pésimo periodo financiero acompañado de un mal momento económico.

Pero hablemos en serio. Se trata de una nación de 50 siglos de historia, la única que se ha mantenido soberana desde sus albores hasta el día de hoy. Cuyo nombre en chino es “Zhonggu”, o “Nación Fundamental”, o “Middle Kingdom”. Que cuando Europa sobrevivía estancada en la edad media, su ciencia y tecnología ya había producido grandes inventos como la brújula, la pólvora, el papel celulósico y la imprenta, y también otros como el sismógrafo y el navío de gran calado, etc. (Dinastía Tan). Que aun cuando el colonialismo europeo y japonés argumentando el “libre comercio” humillaron y saquearon China y trajeron abajo al imperio, la nación logró desquitarse y engendrar un líder que los expulsó definitivamente, y fundó la nueva China.

Y sobretodo examinemos que recientemente edificó a un vasto poderío industrial en menos de tres décadas movilizando 300 millones de personas, algo que el mundo nunca ha visto. Que es ahora la primera potencia industrial (con el 20% de la producción global) y que va ser pronto la más grande economía (ya lo es, dice el FMI usando cifras PPP- “Purchase Power Parity”, o Paridad de Poder Adquisitivo).

¿Qué se va al hoyo? ¡Claro que no!

http://www.nytimes.com/2016/02/04/business/dealbook/toxic-loans-in-china-weigh-on-global-growth.html

https://hespinozajournal.wordpress.com/2016/02/24/gdp-beyond-samuelson-3/

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