Una caída del Dow a 5,000 no debería descartarse

El artículo adjunto presenta la opinión del periodista Brett Arends de que es posible que el Dow (el indicador DJIA de la bolsa de NY) se precipite a 5,000 desde sus recientes niveles de 18,000. El autor presenta sus argumentos en forma concluyente exponiendo argumentos concretos, absteniéndose de subjetividades o exageraciones.

Arends es un destacado periodista financiero que desde el sitio Internet MarketWatch (parte del WSJ) ha presentado audaces aunque controvertidos trabajos. Sus artículos son considerados de suma importancia para aquellos fogueados inversionistas en búsqueda de solido y oportuno consejo financiero. Estimo que la caída del Dow de 1,000 puntos en la apertura de este lunes reaccionando a las noticias de Asia y Europa, también se debió en buena parte al artículo en pauta (publicado en el fin de semana).

La bolsa de NY es monitoreada diariamente por el indicador “Dow Jones Industrial Average”, el DJIA, o simplemente el Dow. Esta métrica fluctúa según los diarios valores de compra-venta de acciones de 30 firmas consideradas representativas de todo el mercado. Arends señala que cuando las condiciones son normales, como en el periodo 1949-1994, el Dow tiende a reflejar niveles concordes con la marcha de la economía.

Lamentablemente el Dow es muchas veces es influenciado por factores psicológicos. Cuando predomina el optimismo como el de los toros, se dice que existe un “mercado toro” (“bull market”). Cuando predomina el pesimismo, entonces existe un “mercado oso” (“bear market”).

Arends considera que esos sabihondos que están recomendando que hoy es el momento para comprar barato (para más tarde vender caro) están hablando disparates. “En los dos últimos años, los perma-toros de Wall Street se han salido con la suya. Se han regocijado abiertamente como las acciones han subido arriba y más arriba sin encontrar pausa”… en realidad, una lectura seria de la historia sugiere que esta venta masiva podría también ser el comienzo [de un desplome]”.

Arends continua: “En cinco ocasiones en los últimos 100 años – en 1921, 1932, 1949, 1974 y 1982 – los grandes movimientos a la baja no terminaron hasta que las valoraciones de las acciones cayeran al 30% del costo agregados de todos los activos de las empresas. Eso se ha verificado utilizando el potente, pero poco conocido, coeficiente “q” de Tobin”.

Se trata de la metodología propuesta en 1969 por James Tobin de Yale (Premio Nobel de Economía de 1981) para cuantificar los mercados financieros. Parecía que Tobin había encontrado una bola de cristal para entender la mítica bolsa de NY (el NYSE). Lo admirable era que se podría verificar numéricamente la intuición clave (“insight”) de Tobin. Desde el comienzo de los setenta, ya el coeficiente “q” tenía un cariz autoritativo y desde esa fecha esta metodología ha sido rigurosamente analizada. Como señala Arends, los analistas ingleses S. Wright y A Smithers han constatado rigurosamente su comportamiento de más de 100 años.

El planteamiento de la metodología es sorprendentemente muy simple. Presento aquí un resumen.

La hoja de balance de cada firma del NYSE cumple con:

a = d + p   (a: activos; d: deuda; p: patrimonio, el valor de sus acciones emitidas)

Esto también se cumple con el valor total (agregado) del conjunto total de la firmas. Es decir:

A = D + P     (A: activos; D: deuda; P: patrimonio, el valor de todas las acciones a la venta en el NYSE)

Tobin define su coeficiente “q” como:

q = P/A = P/(D + P) = 1/[1+(D/P)]

Obsérvese que D/P, el cociente de Deuda sobre Patrimonio, es bastante variable, normalmente en el rango del .10 a .60; pero definitivamente mayor que cero. Que “q” sea 1.0, quiere decir que el mercado está apostando a que la deuda agregada es nula, algo que es a todas luces inaceptable. Cuando “q” es mayor que 1.0, el mercado está suponiendo que los prestamistas en vez de cobrar su dinero, están regalando dinero al prestatario; es decir algo irracional. Bueno, sabemos que los mercados se comporta a veces irracionalmente, como cuando la tulipomanía de Holanda, en el siglo XVII. En tiempos recientes, “burbujas” han ocurrido a menudo en diversos mercados.

El último informe del “q” emitido por la Reserva Federal en Marzo indicó que el coeficiente estaba en 1.06. Después de las recientes caídas se puede afirmar que “q” esta en este momento alrededor de 1.0.

Arends señala que desde 1945 hasta la fecha el valor promedio del “q” ha estado en .70, lo que probablemente refleja adecuadamente la relación Deuda/ Patrimonio. Si es que este horizonte logra restablecerse, el Dow se acomodaría en un valor en el nivel de 12,000.
Si un mercado oso se afianzase como en 1921, 1932, 1949, 1974 and 1982 (lo que Arends considera dentro del rango de lo posible) el coeficiente “q” podría bajar a .30, como en esos ejemplos históricos. Entonces el Dow se encajaría en el nivel de 5,000.

A mí me toco vivir el mercado oso de la década de los setenta cando estudiaba en la escuela de negocios. El país vivía bajo el impacto del “Nixon Shock” y del “Smithsonian Agrement” de 1971 que en efecto resultó en la devaluación de la moneda en un 8%. Además, Nixon decretó un control de precios y salarios para afrontar una inflación que parecía transformarse en inescapable. Recuerdo que debates que asistí en 1972 cuando el Dow “besó” los 1,000, escuche a ponentes que utilizando el “q” de Tobin afirmaban que el nivel correcto del Dow debería ser 1,300 y lo que pasaba era un completo predominio de los osos. La situación se puso aun peor mas tarde en la década, cuando la “estanflación” se apodero de la nación. El Dow logro rebasar el nivel 1,000 ya en la década de los ochenta.

Arends señala que con lo que actualmente ocurre en China y Europa y que con los cambios que la Reserva Federal tiene que implementar, un mercado oso (como los de 1921, 1932, 1949, 1974 and 1982) bien puede cuajar. Arends espera cambios significativos. El juzga que: “Durante 30 años, las cotizaciones bursátiles se han impulsado cada vez más por factores financieros, como el colapso de las tasas de interés y la manipulación de la Reserva Federal que culminó con los ‘quantitative easings’ de Bernanke”.

Arends aconseja a los inversionistas interrogar inmediatamente a sus consejeros financieros qué medidas concretas ha tomado para encarar el escenario aquí discutido. Una buena combinación de ciertos bonos, cuasi-efectivo y metales preciosos puede salvar el día. Desalentado opina que: “Su consejero financiero probablemente nunca oído hablar de este “q”. O, si lo escuchó, probablemente lo ha relegado al lugar de la astrología, o de los desvaríos místicos de Nostradamus”.

Otra gran “insight” de Tobin (quien murió en el 2002) es el “Tobin Tax”. Hacia la misma fecha del “q”, Tobin propuso un impuesto a las transacciones financieras para amortiguar las fluctuaciones en los tipos de cambios. La idea, otra vez, es muy simple: se aplicaría en cada cambio de una moneda en otra un pequeño impuesto, digamos de un .5% del volumen de la transacción. Esto desalentaría los ataques especulativos de los depredadores ya que sus métodos de aproximaciones sucesivas les obligarían a pagar el impuesto muchas veces. Después de México-Asia-Rusia y de la Crisis Financiera Global del 2008 mucho se hablado de su implementación. Pero, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

http://www.marketwatch.com/story/dow-5000-yes-it-could-happen-2015-08-21

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