El incógnito libertador

El artículo adjunto de Clarín es una sugestiva reseña de las muchas interrogantes que impiden contar con un entender esclarecido del libertador San Martin.

El periodista lista las principales incógnitas que están abordando nuevos autores e historiadores, reconociendo que quedan muchas facetas que se necesitan explorar. Uno de los investigadores propone: “… está pendiente la tarea de desmontar la construcción mítica del prócer para recuperar una visión histórica que permita quitar el carácter sagrado a su presencia solemne en el panteón oficial”.

Como el articulo está dirigido a una audiencia argentina, se abordan temas que solo conozco parcialmente. Enumero los más importantes:

  1. Su preferencia por la autoridad monárquica, aunque recientemente un investigador ha informado que: “… en la revisión de su correspondencia no encontré registros de que quisiera un príncipe extranjero, como se afirmó”. Cabe esclarecer que como Protector del Perú, San Martin envío una comisión especial que viajó a Europa para buscar un príncipe para ser coronado como Rey del Perú.
  2. Su fuerte vínculo con el dictador Juan Manuel de Rosas coronado con el legado de su sable corvo; su afinidad de ideas, al identificar la indisciplina de las clases oligárquicas como principales causas de la anarquía argentina”.
  3. Su apuesta a un disciplinamiento de la mano de obra combinado con la expansión del trabajo y una justa remuneración.
  4. Su impaciencia al ver frustrada la utopía de una patria americana, con su consiguiente ostracismo para no mezclarse en luchas intestinas.

Nosotros los peruanos compartimos la propuesta básica del artículo: San Martín, “el prócer que sigue envuelto en el misterio”. Así, nos faltan respuestas a temas de suma importancia como: su controvertido proyecto monárquico; su respeto a los títulos de nobleza española; las cuestiones que se discutieron en su entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil el 26de julio de 1822; su abrupta renuncia a su cargo de Protector del Perú, que solo ejerció por algo más de un año; y finalmente, su presunta indigencia en su ancianidad.

Animado por esta imágenes efectué una investigación encontrando varios estudios sanmartinianos en Internet entre los que destaca: “San Martín en el ostracismo: sus recursos” (URL al pie). Este documento es la fuente de la mayoría de mis siguientes observaciones.

Siempre recordé lo afirmado por mi profesor de Historia del Perú en secundaria que nuestro Mariscal Ramón Castilla había asignado una pensión vitalicia al libertador que se encontraba en Francia pasando serias privaciones. A propósito, el Instituto Nacional Sanmartiniano en Buenos Aires se encuentra en las calles Mariscal Castilla y Alejandro Aguado (citado abajo), ambos de singular importancia en el exilio europeo del libertador.

Lo de las privaciones no era ni remotamente cercano a la realidad. En 1849, Castilla, hombre de palabra (el “Soldado de la Ley”), justiprecia y reintegra el monto adeudado por el gobierno peruano al libertador por su sueldo de Generalísimo y por la pensión vitalicia que le fuera asignada cuando era Protector del Perú. Este monto llego a constituir una considerable suma. Era resultado de los incumplimientos incurridos por un número de picaros presidentes que hicieron “perro muerto” al libertador. Había sido que nuestros gobernantes de la primera mitad de siglo XIX estaban cortados por la misma tijera que sus sucesores del siglo XXI: los tunantes Fujimori, Toledo, García y Humala.

Mi profesor no hacía más que repetir una de los enigmas que acompañan la memoria del libertador. Pero esta incógnita si tiene un asidero real. Se basa en una carta que escribió en Septiembre de 1842 a su amigo el general peruano Guillermo Miller: En ella le informa:

“Mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debida al amigo que acabo de perder, al señor Aguado, el que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de morir en la indigencia”.

¿Por qué escribió esto el libertador cuando en realidad era un pudiente estadista alternando en los más altos círculos parisienses? Solo nos queda aceptar que San Martin tenía una propensión a expresarse en forma melodramática. Aunque no quiero ser irreverente calificándolo mitómano, no queda más que conceptuarlo “gardeliano”, en referencia a los inolvidables pero recargados tangos que popularizó su compatriota del siglo XX.

Cabe aquí recordar la presencia de Alejandro Aguado en la vida del libertador. San Martín sirvió por dos décadas en la filas del Rey de España donde fue camarada y gran amigo de Aguado. Ambos lucharon en las guerras napoleónicas pero hacia 1810 sus caminos terminan divergiendo. Aguado se incorpora como oficial de intendencia a los ejércitos franceses y emigra a Paris donde hace fortuna. San Martin, ganado a las causa de la independencia americana, retorna a América vía Inglaterra con otros oficiales latinoamericanos.

Para 1830, Aguado se había convertido en uno de los grandes banqueros de París y era considerado “el hombre más rico de Francia”. Hasta logra conseguir gran reconocimiento en España debido a su gestión para obtener empréstitos claves para las finanzas del reino. En este período, Aguado nombra a San Martín como su albacea testamentario y tutor de sus hijos, haciéndolo además heredero de todas sus joyas y otros objetos personales. A su muerte, el libertador se encargó de la compleja misión de ejecutar el testamento y repartir la inmensa fortuna, vendiendo las minas y posesiones, y la colección de obras de arte que eran la admiración de toda Europa y que hoy se exponen en los más importantes museos del mundo.

El gran expatriado siempre gozaba de un enorme reconocimiento a donde iba. Era un excelente jinete que organizaba visitas a caballo de Waterloo donde explicaba la batalla de un modo tan claro y preciso que se hacía evidente que había estudiado las campañas de Napoleón en el terreno mismo. En la recepciones destacaba por su presencia imponente. A propósito, igual se dice del impacto que siempre causaba George Washington (altura 1.88m). Este servidor fue igualmente impresionado cuándo vió en persona a Charles de Gaulle (altura 1.96m).

San Martin era más bien algo bajo (altura 1.70m) pero su gallardía y donaire era evidente cuando se presentaba con su magnífico uniforme de gala blanco de Protector del Perú. Recuerdan por ejemplo la recepción diplomática de Enero de 1838 en el Palacio de las Tullerías, cuando el Rey Luis Felipe de Orleáns se adelantó hacia él con las manos extendidas, y sin hacer caso a los protocolos le cogió con ambas manos diciéndole calurosamente: “Tengo un vivísimo placer en estrechar la diestra de un héroe como Ud., general San Martín. Me congratulo que sea Ud. huésped de Francia y que en este país libre encuentre Ud. el reposo después de tantos laureles”.

Su carácter categórico, y orgulloso de su honradez y entereza, se manifiesta al final de sus días cuando escribe en su testamento: “Declaro no deber ni haber jamás debido nada, a nadie”.

¡Escuchen eso, avivatos sanmartinianos! (argentinos, chilenos, peruanos).

http://www.clarin.com/cultura/San_Martin-libros-procer_0_1412859128.html

http://www.sanmartiniano.gov.ar/documentos/documento018.php

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