Al cuerno con la disciplina del Consenso de Washington

En el artículo adjunto del NYT escrito por Adam Davidson se arguye que los bancos que deportivamente prestaron su plata a Grecia tienen que sufrir. Davidson es un connotado y reconocido economista-periodista, creador (entre otras cosas) del “Podcast Planet Money” que yo y millones escuchamos regularmente ya por siete años.

El afirma tener una prueba definitiva de que Grecia no es el culpable primario de su catastrófica situación económica. El mantiene que su fuente cancela definitivamente el argumento de que la crisis es resultado de una transgresión moral de los griegos.

Se trata del paquete de bonos GR0133004177 que el gobierno griego vendió el 10nov09 por €7,000 millones en una subasta pública electrónica. Los ofertantes sentados en su computadoras en los cinco continentes remitieron sus ofertas calmadamente, ponderando y “regateando”, el interés que conseguirían en compensación al riesgo que incurrirían, ya que estaba claro que bien podía ocurrir que los griegos se morfasen su guita.

Aclara Davidson que lo bonos (no las acciones) constituyen la más importante fuerza financiera del mundo. Reflexiona él, que cuando los historiadores escriban sobre nuestra época dentro de algunos siglos, ellos la caracterizarán como la “Época de los Bonos”, a partir de Bretton Woods (1944). En ese lugar se creó “…la arquitectura básica de un nuevo sistema financiero mundial, en el que el cálculo económico racional, no el poder militar y político o prejuicios antiguos, determinarían para donde fluye el dinero…Por décadas, nuestro mundo fue mucho mejor”.

Considero excedida esa imagen de Davidson sobre nuestra “Época de Bonos”. El ordenamiento duró en realidad menos de tres décadas. A mediados de los años setenta (después del “Nixon Shock” y el despunte del cartel OPEP), la economía mundial estaba seriamente desorganizada. Es verdad sí, que el mercado de bonos siguió siendo hasta el 06oct79 un escenario pasivo y estable. Pero ese día el nuevo Presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. Paul Volcker (el “desinflador”) anunció cambios en sus procedimientos operativos para hacer frente a la virulenta “estanflación” que tenía al país empantanado en altos niveles de desempleo e inflación. Se iba permitir amplias fluctuaciones en la tasa básica de interés (“funds rate”) lo que iba a introducir volatilidades en los mercados de bonos. Uno iba a poder ganar plata especulando con bonos, como se hace con las acciones. Esta medida transformó las finanzas del país ya que atrajo enormes masas de dinero para emitir bonos que financiaron formidables transacciones especulativas. La década de los ochenta ha sido caracterizada como la del despegue del empleo de bonos para cometer toda clase de excesos financieros

Estas artimañas alcanzaron tanto poder que, para algunos observadores, el mercado de bonos prácticamente dictaba la política económica. Dijo James Carville en 1994: “Solía pensar que si había reencarnación, yo hubiese querido renacer como el Presidente, el Papa, o un bateador de .400 de béisbol. Pero ahora quiero reencárname como el mercado de bonos. Así podría intimidar a cualquiera y quienquiera”. Carville fue el cerebro estratégico de la campaña del Presidente Bill Clinton de 1992. Vean el documental “The War Room” (1993) para entender la sagacidad de este personaje.

Volviendo a la compra del 10nov09, debe quedar claro que los compradores tenían toda la información necesaria para conocer que esos bonos de 17 años eran extremadamente riesgosos. Grecia ya había confesado que había remitido a Bruselas cifras falsas de su economía, lo que confirmaba su discutida práctica de evadir los controles financieros internacionales. Comenta Davidson que cuando leyó que el interés que aceptaron esos “sofisticados” inversores era de 5.3%, casi se cae de espaldas. Ese valor equivalía a una ridícula “prima de riesgo” del 2%, en referencia a lo que estaba pagando el gobierno alemán. Afirma Davidson”:

“El pecado original de la crisis griega no sucedió en Atenas. Sucedió en aquellos terminales de computadora en Frankfurt y Londres y Shanghái y Nueva York. Sí, los griegos se rajaron con el dinero. Pero si yo te ofrezco €7,000 millones a un 5.3% de interés, claro que tu tomarías el dinero. Yo sería el loco de atar. Y si yo hubiese estado usando el dinero de otra gente, como lo hacen la mayoría de los grandes inversores, podría haber acabado en la cárcel [por negligencia criminal]”.

¿Y porque esos curtidos hombres de finanzas cometieron esos desatinos? Davidson continúa:

“… eso se puede explicar solo de una manera. Creían que en caso de incumplimiento, los alemanes iban a rescatar a los griegos. Y que quede claro que eso no quiere decir que ellos [los inversionistas] procedían así por sus expectativas de que los alemanes iban a ser amables con los griegos. …En los préstamos de dinero a Grecia al 5.3% ellos no tomaban en cuenta la capacidad de pago de Grecia. Ellos estaban calculando la voluntad del gobierno alemán para ayudar a los bancos alemanes”.

Explica Davidson que esos fulanos procedían así porque ellos tenían profundamente en sus cabezas los raudos y profusos rescates que había dado el gobierno de los EE.UU a todos los actores que afrontaron patatús durante la Crisis Financiera del 2008. Ellos reaalmente esperaban que el gobierno alemán iba a actuar de la misma manera.

Bueno, su caso no era tan dramático como el de los yankees. Debe entenderse que en un momento del 2008, parecía que el mercado mundial de bonos se encaminaba al colapso. Observa Davidson:

“En la tarde del 17sep08 eso casi pasó. Durante unos días dramáticos, destacados economistas y otros expertos financieros, lacónicas personas que nunca antes habían dicho nada alarmante en sus vidas, hablaban en privado, si no en público, sobre la posibilidad real del fin de los Estados Unidos, del fin de la electricidad y la industria y de la democracia. Cuando se lanzaba rápidamente dinero para rescatar a los bancos, se hacía eso porque era simplemente la mejor manera para lograr el verdadero objetivo: salvar el mercado de bonos”.

En la opinión de este servidor, el momento definitorio ocurrió realmente seis meses antes: el domingo 16mar08 a las 7:45 pm, hora de NY. En ese momento, se anunció el “rescate” de Bear Stearns por el JPM Chase en contubernio con la Reserva Federal. El primero había comprado Bear por que el segundo había garantizado bonos tóxicos por $30,000 millones con dinero de los contribuyentes. Nótese que se había rescatado a los inversores, no a Bear que cayó en el hoyo.

La bolsa de Tokio abrió 15 minutos después con la noticia que todo estaba bajo control. Así se evitó una venta enloquecida de activos de Bear en Asia y en el mundo. Algunos “paniqueados” temían que el espanto se extendiese a Lehman, Merrill, Goldman, Morgan Stanley, Citibank…

Recuerdo que esa ocasión yo hice solemnes afirmaciones, algo recargadas por cierto, de que lo ocurrido era el fin del capitalismo como régimen financiero practicable. Si, el estado había recurrido a garantizar el pago “entero” a instrumentos de especulación irresponsable. Eso constituía una violación a la lógica primordial de los mercados: Si haces una mala inversión, tú SOLO pagas las consecuencias. Si no es así, volverías a seguir haciendo malas inversiones. Se acabó el fundamentalismo de los mercados.

Mi hizo Isaías quien me había escuchado, alarmado me pidió clarificaciones. Le dije que si bien lo afirmado era correcto, la garantía a los inversores de Bear era solo un evento. Animado expresé: “Una golondrina no hace verano”.

Seis meses después Lehman quebró y la Reserva Federal procedió a garantizar toda la basura tóxica que se encontraba bajo el sol. Se trataba de un aluvión de golondrinas.

http://www.nytimes.com/2015/08/02/magazine/why-greeces-lenders-need-to-suffer.html?_r=0

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