Suspendan sus dudas. Todo anda viento en popa. Solo que no hay que mirar mucho

El artículo adjunto del NYT provee una buena explicación de lo ocurrido en las bolsas de valores chinas en las pasadas semanas. El título de mi presente nota hace alusión a la actitud de las autoridades chinas para resolver el embrollón.

No hay que darle muchas vueltas al asunto. El desplome ha sido colosal. El artículo provee datos y curvas muy ilustrativas pero es fácil perderse en los detalles. Diestramente el periodista resume al final:

“… el aumento de los precios de las acciones chinas en el último año fue impulsado más por la psicología de los inversionistas que por fundamentos económicos. Es difícil justificar los precios de hace un mes, y es fácil ver por qué se produjeron las caídas del mes pasado…. Eso, a su vez, implica que los funcionarios chinos están luchando una batalla cuesta arriba en su política de detener una verdadera corrección, y ayuda a explicar por qué sus acciones han tenido tan poco efecto hasta el momento”.

Las perdidas en las bolsas de Shanghai y Shenzhen (detenidas en este momento) equivalen a un tercio de su pico de hace cuatro semanas, lo que significa una pérdida de 3 millones de millones de dólares de capitales de mercado (en comparación la deuda griega es “solo” de 271,000 millones)

Las medidas tomadas son trascendentales por su variedad: congelar las ventas de acciones para un 50% de las firmas de las bolsas, prohibir “apuestas cortas”, obligar a corredores a efectuar compras, prohibir a los inversionistas “gordos” la venta de sus acciones por seis meses, etc. etc. Esta diversidad hace recordar las medidas tomadas por los yankees es su crisis del 2008 cuando garantizaron todos los “instrumentos” financieros bajo el sol (eso no les sirvió mucho aunque evitaron el Armagedón). Por ahora la cúpula china quiere hacer creer que todo está bajo control, algo que trae a la memoria las Aldeas Potemkin de la Rusia Zarista. Grigory Potemkin (1739-1791) fue un favorito de Catalina II a cargo de la reconstrucción de zonas despojadas al Imperio Otomano, que edificaba aldeas modelo para mostrar a la Zarina cuando visitaba la región.

Aunque el desplome está detenido, la maraña manda terribles señales. Precios en una bolsa de valores deben situarse a niveles que reflejen las expectativas de ganancias futuras a quienes se arriesgan. No parece que las autoridades chinas entiendan eso. Las valuaciones actuales son solo estaciones transitorias por lo que el momento de sinceramiento solo ha sido pospuesto

El inversionista chino o extranjero reacciona sospechando que hay mucho que ocultar. Algunas de las firmas congeladas son enormes, y tienen índices P/E (Precio sobre Ganancia) en niveles estratosféricos (>200 versus US-S&P 17). Les recuerdo mi nota “Fapiao, Fapiao” del 16aug2013. Los libros de medio mundo están llenos de fapiao (recibo oficial) falso. Cabe investigar cuales son las firmas que NO están avaladas por esa “contabilidad Enron”.

La pérdida de prestigio del Partido Comunista ha sido enorme. El sentimiento de que su cúpula ejerce siempre un acertado control va a tomar tiempo en recobrarse. Nadie más afectado que el Presidente Xi Jinping quien desde su ascenso al supremo liderazgo en el 2012 había creado una imagen de omnipotencia. Millones de asolados inversionistas de clase media o baja están frenéticos al ver que la burbuja se ha llevado sus esfuerzos de una década o más. Ellos aceptaron propaganda sancionada por el gobierno sobre la alta rentabilidad que ofrecen las acciones, por lo que invirtieron masivamente  causando las tremendas subidas de las bolsas. Ahora están buscando que su Presidente Xi  respalde esas afirmaciones con la garantía implícita que venía con ellas.

Al evaluar las repercusiones del desplome en la economía nacional no debe perderse de vista que China es ahora una superpotencia económica con ingentes recursos financieros. La riqueza del gobierno es enorme. Sus bolsillos son gigantescos. Así, sus reservas internacionales son ahora 4 millones de millones de dólares. Por tanto el gobierno está resolviendo este “problemita” con calma y mucho efectivo, como lo ha hecho en repetidas oportunidades en la última década. Como cuenta con abundante dinero y tiene completo control de la banca, no es probable que ocurra el estancamiento que paralizó a los EE.UU. en el 2008. Es posible, sin embargo, que la situación se torne en crisis si se agravase la caída, u ocurriesen repercusiones sociales como en 1989.

La política de situar a las bolsas de Shanghai y Shenzhen en el centro de la economía nacional es parte del nuevo rumbo que ha decidido la cúpula del Partido Comunista. La época de expansión del PIB en un nivel 10-12% basado en la exportación ha llegado a su fin. En ese periodo, los típicos componentes de la economía eran: C-Consumo Interno-40%; I-Inversiones en Plantas de Produccion-40%; G-Gobierno-15%; X-Exportaciones Netas-5%. Esta estratega que apuntaló un vertiginoso crecimiento, en cierta forma desincentivó el consumo de la población (C es 65-70% en los EE.UU). Se ahorraba mucho lo que permitía los bancos (del estado) encaminar esos fondos hacia I, para cumplir con los objetivos de la planificación industrial en marcha. Se planea ahora remontar C para convertirlo en el motor del crecimiento, aunque más modesto (alrededor del 7%). Para eso se necita liberizar las finanzas (disminuir el rol del estado) y fortalecer la confianza de la población para que gaste. Con ese objetivo, el gobierno lanzo una campaña que patrocinaba la figura del consumidor–inversionista, libre de preocupaciones. En la actualidad, así como en las calles de Chicago los carteles anuncian la mejor cerveza, en Chongqing los transeúntes encuentran “tickers” (cintas andantes) mostrando la ultimas valoraciones de las bolsas.

Hay otro interés del estado en hacer crecer descomunalmente las bolsas de Shanghai y Shenzhen. En sus pretensiones de lograr que su moneda se transforme en el nuevo vehículo para el comercio y las reservas internacionales y así convertir a la nación en un coloso financiero, se proyecta transformar a Shanghai en un centro financiero de igual o mayor envergadura que Nueva York o Londres para el 2020. El mes pasado Shanghai y Shenzhen contaban con una totalización de mercado de unos 9 millones de millones de dólares en comparación con NYSE y Nasdaq que llegan a 29. Ahora con la caída de 3 millones de millones de dólares, el objetivo se torna aun más irreal. ¿Cuando ocurra la apertura a la inversión extranjera, quién va animarse a ir a China a invertir en esas bolsas?

Hace unos días caractericé mi experiencia de 30 años con productos chinos como sigue: muy buenos, 1%; buenos, 29%; regulares, 30%; malos, 40%. Echen Shanghai y Shenzhen al barril de los malos.

http://www.nytimes.com/2015/07/07/upshot/how-to-make-sense-of-chinas-plummeting-stock-market.html?_r=0

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